“Popular no
es vulgar”
El arte definido
como popular, es un
concepto muy ambiguo. Puede entenderse
bajo distintos criterios (estéticos, sociales, políticos, ideológicos, etc.).
Su opuesto sería el arte elitista.
El arte popularizado o arte mayoritario, por oposición
al arte minoritario, es la manifestación que mas audiencia alcanza, por su grado de identidad con las masas de la sociedad. Lo popular
es considerado negativamente mercancía, por su difusión por los medios de comunicación de masas, frente al que se rebela,
el denominado arte
independiente. Más que un valor artístico, las producciones de
este arte popular suelen ser calificados de antivalor o pseudoarte.
El
pensamiento socialista ha criticado desde sus orígenes a la burguesía por
apropiarse de los bienes culturales de la sociedad. Filósofos marxistas han
acusado a la sociedad capitalista de favorecer el desarrollo de subculturas,
cuyo objetivo es despojar de sus atributos particulares a las comunidades y
sectores sociales más postergados.
La
música popular hace referencia a un conjunto de expresiones
artísticas creadas o consumidas por el pueblo, por
contraposición con una cultura académica, alta u
oficial centrada en medios de expresión tradicionalmente valorados como
superiores y generalmente más elitista y excluyente.
Es importante internalizarnos en este
tema, ya que desde tiempos remotos, la música creada y escuchada por el pueblo
han sido desvalorizadas y consideradas vulgares, de personas que no han
evolucionado lo suficiente y se mantienen como un material en bruto, sin perfeccionarse,
sin mutar, sin pretender perfeccionar este arte de muchísimo valor simbólico
agregado que los diferencia del resto.
Para los conservadores existen dos mundos
diferenciados, necesarios. Esta visión tiende a pensar la salvación de la
cultura y el arte en el ámbito de unos pocos, de clase alta, logrado sobrevivir
gracias al círculo cerrado de productores, críticos, receptores sagaces entre
otros que hacen que sobreviva y que no se mezcle de alguna forma con las
producciones populares. En el fondo, todos los elitistas, les encanta el
absoluto y la perfección y detestan las fusiones, viéndose amenazados por el ascenso del “hombre masa”.
La música folclórica de argentina, como
generalmente se la conoce a la música de nuestra tradición, está limitada por
muchas personas a quedar intacta como en los momentos de su creación, sin
perder su objetivo de ser reproducida. Es por eso que los grupos folclóricos
visten ropas de esa época, disfrazándose de algo que no es, sin saber ni
siquiera a veces andar a caballo. Por eso es necesario desestructurar paradigmas
que de nada nos sirven y hasta nos limitan a crear y valorar la complejidad y
poder de esta música, pudiendo mejorarla, complejizarla mas o introduciendo
nuevas maneras de tocarla para llevar esta música a otro nivel
perfeccionándola.
Tenemos que saber que el término inglés «folklore» fue acuñado el 22 de agosto de 1846 por el arqueólogo británico William John Thomson, quien deseaba crear una palabra para
denominar lo que entonces se llamaba «antigüedades populares». Nuestros músicos
modernos, tratan de redireccionalizar la música y modernizarla, animándose a
manipularla y complejizarla.
Las herencias musicales están cargadas de
significados simbólicos, del autor y su contexto, son expresiones, representaciones
y mecanismos de construcción de las características propias de los individuos,
las comunidades y las naciones donde se generaron. Pero son también vehículos
para el desarrollo de la imaginación y la creatividad, bases para la innovación
social y artística.
Revertir esta situación demanda fomentar nuestra
producción local, sin perder nuestras bases y legados históricos.
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